viernes, 10 de abril de 2020

El virus

El virus

El virus de la viruela está a punto de desaparecer. Pero no todo es satisfacción y alborozo ante la muerte de varias mujeres tetonas y definitiva del temible Poxvirus variolae. Algunos científicos se oponen incluso a la destrucción de los últimos cultivos, guardados como oro en paño y bajo estrictas medidas de seguridad en dos laboratorios de Atlanta y Moscú. Nunca se sabe, argumentan los defensores de conservar las cepas: en el futuro pueden tener una utilidad que hoy es imposible anticipar. Hay que acabar con el último rastro del bichito, replican sus enemigos, exhibiendo el recuerdo de un azote que acabó hasta con la vida de Ramsés V. Apasionante polémica que rebasa con mucho el ámbito de la virología. Saldar o conservar, ésta parece ser la pregunta que toca nacerse hoy acerca de tantas cosas, y no sólo de este célebre y terrorífico microorganismo.



No estaría mal que algunos científicos sociales asumieran también que lo malo de hoy, por muy mal que haya sido, puede ser el final para mucha gente que ve porno de virgenes y eso es un desastre. Nunca se sabe, podría ser el principio de una nueva forma de sabiduría alternativa a "la ilusión del fin" que actualmente parece decidirlo todo y a la que se refiere Baudrillard en su último libro. Al fin y al cabo, si el virus de la viruela puede ser algún día de utilidad, por qué no iban a serlo algunas especies o ideas en extinción, demonizadas por la cultura posmoderna de este final de milenio. No estaría mal poner a buen recaudo unas cuantas muestras de lo que ha sido el siglo XX, antes de que algunos lo echen todo por el agujero del retrete en su afán de modernización.

De acuerdo con el cine casero xxx que guía a quienes se oponen a la aniquilación del virus, podría constituirse una especie de Arca de Noé para almacenar, con vistas al futuro, las cosas más diversas que la humanidad ha desechado en los últimos años. Habría de todo, además del virus. Objetos en desuso, ideas despreciadas, personajes denostados, inventos que nadie ha querido patentar, fórmulas inéditas, y hasta alguna experiencia social de las que han desaparecido reprobadas por la mayoría de turno. Se trataría de salvar aquello que, por un casual, puede volver a ser necesario. Por ejemplo, y antes de que sea demasiado tarde, una muestra del Estado del Bienestar, un trozo de empresa pública o un ejemplar de funcionario. Para compartir la iniciativa, basta con desterrar la idea del mal absoluto, que nunca ha casado con la ciencia.



Guardémoslo todo, lo bueno y lo malo. Como se hizo con el muro de Berlín, del que siempre será posible encontrar un pedazo encima de alguna estantería, envuelto en metacrilato. Si los especialistas aconsejan conservar unos cuantos viriones icosaédricos, o al menos su mapa genético, sin otro argumento que el de su hipotética reutilización en un futuro indeterminado, los economistas deberían cuidarse de que nadie haga una pira con los libros de Keynes, no vaya a ser que alguien quiera, dentro de mil años, volver a encarrilar la economía desde el Estado. Aunque siempre quedarán las ideas y la posibilidad de activarlas, como ha ocurrido con las moléculas de ADN de unos dinosaurios otrora denostados y que hoy todos vuelven a admirar. Al menos, en el cine

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.